COLUMNA | No vayamos más

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El fútbol chileno está en un punto muerto. Paulatinamente, nuestro balompié se transforma en el más malo de Sudamérica y las diferencias con los otros equipos son enormes cuando se compite en las copas internacionales. Algo de esto se reflejó hoy en los pastos del Nacional. La ‘U’ no tenía por dónde quedar eliminada, pero pese a todos los pronósticos, ese terminó siendo su balance copero.

Una verdadera vergüenza. Así de categóricos hay que ser con un escenario tan lamentable, ridículo y tragicómico como este. Resulta inexplicable no ser capaz de sostener una clasificación que estaba en el bolsillo. Ganar, empatar o perder servía para clasificarse a la Copa Sudamericana, pero los pupilos de Valencia no fueron capaces de ratificarlo en cancha.

Un equipo predecible con chispazos de ingenio fue el que se presentó frente a Vasco Da Gama. La habilidad de Soteldo, más cierto equilibrio de Seymour y Lorenzetti dieron vida a una oncena apagada. Que buscó, pero sin argumentos. Sólo apelando a alguna genialidad del venezolano o de Guerra en ataque, porque Pinilla no apareció ni en las cómicas.

Llega a dar pena como una y otra vez nos pintan la cara. Nos refriegan que no estamos a la altura dentro del continente, y que cualquier equipo tiene opciones cuando visite Chile. El panorama es muy alentador cuando se tiene a un club chileno en frente. Parece que nos transformamos en el rival abordable y en el que cualquiera puede obtener puntos. Pero esta realidad no es al azar.

El torneo local se acostumbró a propuestas simplistas y conformistas. Equipos que necesitan de uno o dos jugadores vistosos para sobresalir sin mayor apuro. Se perdió el espíritu de equipo, de colocarse el overol y remar para el mismo lado. Esta lógica, aunque sea generalizada, se viene visibilizando hace largo rato en las copas internacionales. Y como es sabido, los duelos coperos exigen algo más que eso.

Sólo un equipo chileno queda en carrera en Libertadores. Colo Colo tiene la gran responsabilidad de mostrar una bandera de esperanza y decir que no estamos tan muertos. Al menos, que existe algún representante que saque la cara por el Chile. Ese mismo país que no sabe de octavos de final hace cuatro años. Si algo de dignidad queda, que sea el jueves en el Atanasio Girardot.

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