COLUMNA | Menos argentino que la cueca

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Mil quinientos kilómetros separan las calles Tucumán con Santiago. Esa ciudad vio nacer a un hombre de bajo perfil y con un prototipo muy lejano al típico argentino canchero. Esa tierra dio origen a Pedro Pablo Hernández, que con un trabajo silente logró encontrar un cupo en la generación dorada. No lo encontró Sulantay, ni lo perfeccionó Bielsa, situación que no impidió que se transformara en una de las grandes figuras del combinado chileno en tierras rusas.

Y bueno, su historia es particular. Muchos trasandinos sueñan con replicar las hazañas de Maradona. O al menos, defender esa albiceleste que desde pequeño te inculcan. Pero su caso fue distinto. Corría el año 2015 cuando arribó un desconocido volante argentino a O’Higgins de Rancagua. Con el pasar de las fechas, se consolidó en el equipo de Eduardo Berizzo, que terminaría ganando la primera estrella de los celestes.

Pasaron once meses desde su llegada, cuando decidió jugar por La Roja. El parentesco lo tenía con una abuela chilena, quien siempre anheló llevárselo a su tierra natal. Pero el destino quiso otra cosa: el muchacho se transformó en futbolista y realizó gran parte de su carrera en Argentina. Pero la sangre manda. Y vaya qué lo ha demostrado con profesionalismo y compromiso con la camiseta de la selección.

Desde su debut con dos tantos ante Costa Rica, comenzó un romance de nunca acabar entre Hernández y Chile. Si bien recibió críticas, a punta de esfuerzo logró encontrar un hueco en el equipo de Juan Antonio Pizzi. Y claro está, no tiene la técnica de Vidal, ni mucho menos la marca de Marcelo Díaz o Charles Aránguiz. No obstante, la entrega, convicción y precisión del jugador permite suplir a cualquier integrante del mediocampo chileno, situación que evidenció en Copa Confederaciones a gran nivel.

Más que mal, fue una de las grandes sorpresas del equipo. Subió su rendimiento con creces, destacando en todos los encuentros disputados. Sólo 111 minutos de juegos le bastaron para mostrar su progreso, sobresaliendo con una efectividad del 93%. Quizás no tiene asegurada su titularidad, ni tampoco será el recambio debido a su edad, pero sobresale en el amor hacia la selección, evidenciando que es menos argentino que la cueca.

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