COLUMNA | Los pecados de Azul Azul

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Responsabilizar a Pinilla del escándalo que provocó su frustrado traspaso a Colón no se sustenta en el tiempo. El delantero de 34 años optó – como cualquier futbolista – por un nuevo destino, escenario que se escapa del romanticismo que exige el hincha. La decisión, comprendida o no, pasa por el jugador, situación que desde Azul Azul no lograron captar a tiempo.

El gran error del directorio fue desvincularlo con un contrato vigente y en rueda de prensa. Una determinación que vino a apagar un incendio con bencina. Los ánimos se caldearon aún más el pasado lunes, pues la frase de “sigo siendo jugador de la ‘U'”, emitida por Pinilla en el aeropuerto perdería toda validez y sustento.

Según se supo desde el Sifup, el atacante jamás firmó un contrato con el equipo argentino. Todo por caerse las negociaciones con Colón por un cambio de condiciones modificadas unilateralmente. Y es acá donde el sentimiento de rencor afloró en su máxima expresión desde Azul Azul. No había ni tenían por qué negarle la vuelta al delantero, pues lo quieran o no, seguía perteneciendo al equipo universitario.

Incomprensible aún más, considerando que perdieron los derechos y dejaron como jugador libre a Pinilla. Uno de los negocios más malos del último tiempo, teniendo en cuesta el gasto de 1 millón de dólares que realizó Universidad de Chile para sumar al ariete en julio de 2017. Una lectura errónea que concluyó con polémica y probablemente continúe en tribunales.

Uno de los grandes pecados de Azul Azul, que lo pone entre la espada y la pared: apresurado por refuerzos, con la fanaticada dividida y con uno de sus símbolos dejando el club de la peor manera posible.

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