COLUMNA: Algarabía alba en el frío viñamarino

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Corazones congelados en el frío de Viña del Mar. Rostros de amargura y desilusión. Impotencia y rabia se transformó en la tónica de ese puñado de hinchas albos. Cuán expectativa se veía sucumbida con el cabezazo de Raúl Becerra en el epílogo del partido, pero el destino tenía deparada otra suerte para el Cacique. Un contragolpe llegó a los pies de Christofer Gonzáles, quien con un remate bajo le devolvió el alma a toda la fanaticada del Popular y el sueño por la estrella treintaidós.

Ni en las mejores películas de hazañas y heroísmo. Se agotaban los minutos en el Estadio Sausalito y la esperanza colocolina también. Everton sentenciaba un empate que parecía definitivo. La afición Oro y Cielo celebraba. Celebraba como aquella vez que le arrebató el título a los albos en 2008. Celebraba, nuevamente, el dulce sabor de quitarle la primera opción a Colo Colo de conseguir el título. Y vaya gracia la que estaban logrando los ruleteros …

A la memoria vienen distintas frases. Una de ellas, de Julio Martínez, decía que el partido no concluía hasta el pitazo final, y cuánta razón tenía. Y es que el fútbol no sabe de justicia, y no es piadoso con la ilusión ajena. Sin embargo, siempre está la posibilidad de quebrarle la mano al destino. De hacer lo imposible cuando nadie tiene una pizca de fe. Y eso fue lo que aconteció en la Quinta región.

Cuando estaban todos muertos. Cuando el fútbol era sólo ganas. Cuando las piernas ya no daban y el árbitro Julio Bascuñán se disponía a colocar el silbato en la boca. En ese momento, pasó lo impensado. En ese momento, se produjo lo jamás imaginado. El Cacique se juega la vida en la última jugada. El meta Salazar manda el balón con potencia. Visogol conecta y habilita a Gonzáles. El peruano larga una carrera rumbo a la portería ruletera, y la manda a guardar no más.

Un gol que significa el liderato exclusivo y la ilusión intacta del campeonato. Lo que parecía ser una jornada oscura, terminó siendo uno de esos partidos que quedarán en la memoria de los hinchas. Y curioso, también, a manos de un jugador que estuvo a minutos de quedar fuera del equipo. Un mediocampista que recién pudo ser incorporado tras liberarse un cupo de extranjero con la lesión de Matías Zaldivia.

Y bueno, son las cosas que tiene el fútbol. Son esas historias que se escriben y jamás se borran. Aquel equipo que partió como una tromba y terminó como una leve ráfaga de viento. Pero qué importa. El cetro de monarca está muy cerca, y con un tremendo golpe anímico como el de hoy, todo apunta a que los albos pueden volver a dar la vuelta olímpica

Pero hay que ser cautelosos. Todavía quedan dos fechas y se sabe que sacar el cotillón antes de tiempo puede traer consecuencias. La máxima del fútbol dice que hay una suerte del campeón, y esa la tuvo Colo Colo. En un partido donde de un minuto a otro, el sueño por bajar una nueva estrella quedó más presente que nunca.

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